Abrió los ojos de golpe. El sueño se esfumó tras recordar entre fantasías el perfume que una mujer dejó impregnado en su piel una noche de luna menguante. Hacía tantos ayeres que la vio marchar y sólo conservaba de ella el olor de su esencia, el perfume que lo acompañaría cada noche entre sueños.
Alfonso seguía recostado en la cama entre sábanas de lino. Llevó sus manos al rostro y quiso olvidar el pasado. Despeinó sus cabellos con la yema de sus dedos. Pensó en ella, en Malena y sus ojos negros de mujer inolvidable. Quiso despertar del letargo al que entró con la madrugada tras varios tragos de licor y canciones de amor que salían del tocadiscos. Se sintió perdido.

