• Capitana de exportación

    Ella protagoniza la fotografía más grande del cuarto. Un marco de madera la rodea. Lleva una camiseta verde con el número ocho en el centro. Sus piernas fuertes y de guerrera protegen como a la vida, un balón de futbol que es acechado por la enemiga. Es líder y lleva en sus hombros el honor de defender el nombre de un país.

Zapata está con Abad

lunes, 21 de mayo de 2012
El candidato a diputado federal por el Distrito VI de Papantla Veracruz, Hilarión Abad, visitó el día de ayer la comunidad Emiliano Zapata, donde se comprometió a regresar para festejar con su gente el triunfo del próximo primero de julio.

Animado con porras y frases de apoyo, el abanderado de Movimiento Ciudadano expuso sus propuestas ante decenas de personas que por tercera vez los escuchan en su campaña electoral. "Voy a legislar para que los grandes sueldos de ex presidentes y funcionarios desaparezcan y se conviertan en becas; porque entiendo a las mujeres, a los ancianos y a los jóvenes", expresó el también locutor de Radiorama.

Hilarión Abad cobijado por la población de Emiliano Zapata

"Yo tengo un trabajo seguro, pero sé que muchos de ustedes no, y no es justo que me quede de brazos cruzados, voy a luchar para que eso cambie", prometió ante mujeres, hombres, ancianos, niños y jóvenes que se congregaron en el auditorio de la comunidad.

Se escucharon aplausos cuando Abad repitió lo dicho por el candidato de las izquierdas a la presidencia de la república, Andrés Manuel López Obrador, en la Plaza Cívica de Poza Rica: "Vamos a crear un seguro popular que sí sea seguro y popular; vamos a votar por López Obrador", pidió.

Al finalizar su discurso, los asistentes se acercaron al candidato para reiterarle su apoyo. Abrazos, sonrisas y apretones de mano abundaron en el lugar. El candidato agradeció el cariño popular y tras atender a todos se retiró, no sin antes hacer la promesa de regresar el 7 de julio para festejar el triunfo que saldrá de las urnas el próximo primero de julio.

UN SUPERCAMPEÓN DE CARNE Y HUESO

viernes, 23 de marzo de 2012


Jonathan Espericueta mantiene la mirada fija en la portería. Tú, atento, buscas ganarle la posición al defensor alemán. Es jueves 7 de julio y el calor abrasador de Torreón adereza una semifinal de campeonato del mundo. El reloj anuncia que al partido le faltan quince minutos para terminar y la selección de Alemania vence a tu equipo 2 – 1.

Espericueta se prepara y dispara desde la esquina. El balón viaja haciendo una curva que culmina dentro de la red protegida por el guardameta alemán. Es gol olímpico, pero no lo ves ni lo celebras, porque cuando intentas rematar de cabeza te estrellas con Samed Yasil. Caes fulminado, rápidamente te llevas las manos a la cabeza y las ves llenas de sangre. Quieres llorar, sientes miedo, te ves en camilla con muchas personas alrededor atendiéndote. Tu cabeza quiere explotar.

Carta a un candidato que prometió mejores telenovelas

jueves, 15 de marzo de 2012
Distinguido candidato:

Le escribo no por presunción, sí con todo el derecho que me confiere ser ciudadano de esta república libre y soberana, por los impuestos que he pagado para sostener su campaña y por el respeto que usted, como posible representante del pueblo, me debe.
Recuerdo con melancolía mis primeras aventuras políticas. Siendo yo un mozuelo conocí lo que era subirse a una camioneta, aferrarme a sus tubos y viajar en caravana hasta la cabecera municipal para esperar el platillo de barbacoa de res, desparramado sobre un plato desechable, y un refresco que, para el calor que hacía en mi pueblo, estaba más caliente que el infierno.

Capitana de exportación

domingo, 19 de febrero de 2012

Fátima Leyva en las canchas de Ixtapaluca

Ella protagoniza la fotografía más grande del cuarto. Un marco de madera la rodea. Lleva una camiseta verde con el número ocho en el centro. Sus piernas fuertes y de guerrera protegen como a la vida, un balón de futbol que es acechado por la enemiga. Es líder y lleva en sus hombros el honor de defender el nombre de un país. Y es que el verde de su camiseta se confunde con el del campo de fútbol donde Fátima Leyva ha vivido los mejores años de su vida siendo seleccionada nacional mexicana y capitana de un escuadrón de jóvenes futbolistas que lograron hazañas en canchas extranjeras.

A los cuatro años, conoció lo que era el futbol al lado de su padre, Alejandro, que inculcó en ella el amor por este deporte, luego de que su hijo varón no mostró afinidad por él. Sus primeros pasos profesionales los dio en el equipo de fútbol rápido Rayos Sur. La estancia ahí duró cuatro años aproximadamente, hasta que logró formar parte de las filas de selección nacional en 1997.

Olimpiadas, Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos y Copas del Mundo. Son los senderos por los cuales ha caminado Fátima. Los problemas económicos, escolares e incluso físicos, no representaron obstáculo suficiente para que ella emprendiera una carrera donde la presencia femenina no es abundante.

“Le conseguí un equipo, pero no la metían, yo creo pensaban que la iban a quebrar por flaquita”, declara su padre como parte de la historia de vida. Su baja estatura y su complexión delgada significaron el primer problema, que pronto superó cuando notaron sus habilidades técnicas.
Fátima dejó la selección nacional en 2007, por motivos aún desconocidos, aunque se presume fueron problemas originados por las opiniones distintas que tenía con Leonardo Cuéllar, el entrenador.

Años antes de abandonar el equipo, Fátima fue operada de la rodilla, pero las complicaciones y el rápido regreso a las canchas afectaron su recuperación provocándole una recaída. Surgieron problemas con Cuéllar y con la Federación Mexicana de Futbol, por una negligencia que, según palabras de su madre Angélica, cometió el médico que la atendió. La relación entre Fátima y los dueños del balón en México comenzó a deteriorarse.

Sus amigos se sorprenden al notar que su domicilio es el mismo a pesar de su éxito. Angélica reitera que ellos no saben que en selección ganan de dos a tres mil pesos mensuales, un ingreso que no lleva a la riqueza, sino a la sobrevivencia. Fátima juega futbol por amor, no por ambición.
Al principio, ni siquiera tenían ropa. Pedían prestada la del seleccionado varonil; tampoco había autobuses exclusivos, sino que se trasladaban en micros y transporte público.

En los años en que Fátima ingresó a selección no era posible concebir una mezcla entre escuela y deporte, por eso dejó la preparatoria para ir con el equipo a Estados Unidos. “La escuela ahí se queda, no se mueve”, le repetía a su madre para convencerla de su decisión. Recibió el apoyo necesario.

En la actualidad Fátima sigue un camino en clubes extranjeros. Dos veces por año regresa a casa. Es la misma que de niña soñó con jugar futbol, la misma que en la modesta cancha de la colonia Alfredo del Mazo en Ixtapaluca, Estado de México dio las primeras patadas a un balón, la misma que portó el gafete de capitana en la selección nacional y la misma que regresa a su hogar con el ímpetu de siempre. Porque el futbol no sólo es parte de su vida, sino su vida entera.

Fotografía: Jemima Sebastián