Jonathan Espericueta mantiene la mirada fija en la portería. Tú, atento, buscas ganarle la posición al defensor alemán. Es jueves 7 de julio y el calor abrasador de Torreón adereza una semifinal de campeonato del mundo. El reloj anuncia que al partido le faltan quince minutos para terminar y la selección de Alemania vence a tu equipo 2 – 1.
Espericueta se prepara y dispara desde la esquina. El balón viaja haciendo una curva que culmina dentro de la red protegida por el guardameta alemán. Es gol olímpico, pero no lo ves ni lo celebras, porque cuando intentas rematar de cabeza te estrellas con Samed Yasil. Caes fulminado, rápidamente te llevas las manos a la cabeza y las ves llenas de sangre. Quieres llorar, sientes miedo, te ves en camilla con muchas personas alrededor atendiéndote. Tu cabeza quiere explotar.


